viernes, 13 de febrero de 2009

Como una espía

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Uno de mis conocidos durante mi estancia de Erasmus en Alemania me recomendó como intérprete para unos conocidos suyos que venían a hacer negocios a España.

Un trabajo normal excepto por una cosa, los españoles no debían saber que yo soy española ni que hablaba español. Efectivamente, mi cliente tiene sus motivos para desconfiar de sus socios españoles.

Lo que los germanos querían de mi era que procurara escuchar todo lo que fuera posible y que en los descansos se lo contara. Y vaya si se lo conté. O bien en las escuelas de negocios no se enseña a no llamar a los inversores potenciales "cerdos comesalchichas" en tono despectivo porque piensas que no te entienden o bien alguien se saltó esa clase.

El contenido de la reunión así como el resultado de la misma está bajo secreto profesional, así que no diré nada más. En cualquier caso fue un trabajo bien remunerado que me ha servido para ampliar mis contactos profesionales.

¡Hasta la próxima!