Esta historía también se podría titual "La misteriosa transmutación del strudel en brownie".
Mi novio ha obtenido matrícula de honor en la única asignatura que le queda este cuatrimestre. Para felicitarle he decidido cocinarle mi postre favorito, que con lo golosón que es seguro que le encanta: un "Apfelstrudel" estrudel de manzana para los castellanoparlantes, una de las piezas de repostería más representativas de los países europeos de mayoría germanoparlante, excluyendo mayorca que no es un país y que su joya de la repostería es la ensaimada.
Aunque mi (falta de) habilidad para la cocina es legendaria me veía capaz de hacerlo. Ya lo he hecho otras veces, pero con masa de hojaldre comprada. Como esta vez no había masa de hojaldre en mi tienda habitual me he decidido a probar a hacerlo yo misma. Al fin y al cabo no puede ser tan dificil, la hacen en todas las pastelerías.
Al final he descubierto que el hojaldre es a la pastelería lo que la medalla Fields es a las matemáticas. Hacer buen hojaldre requiere dedicación, esfuerzo y un horno de verdad que pueda calentar de manera continuada la masa a 220ºC el tiempo suficiente, y el mío no es uno de esos.
Al final la masa me ha salido un poco chuchurría, aunque el bollo de sabor estaba bueno. Eso si, quemado por algunos lados y un poco crudo por otros. Un estadista diría que está bien, claro que pueden tnr la cabeza en el horno y los pies en el congelador y decir que por término medio se encuentra bien, aunque esté doblemente jodido.
Una vez hecho el bollo quedaba organizar la logística de como llevarlo a su casa. Al final opté por dividirlo en varios trozos del tamaño de un "recipiente de plástico estanco apto para guardar alimentos" (yo no nombro marcas sí no me pagan) y guardarlos en una mochila para porder transportarlos. Ocho paradas de autobús despúes, seis paradas de tren y veinte minutos de caminata más tarde llegue a su casa.
Cuando llamé al timbre me atendió la madre de Rubén, ya que él se encontraba en la piscina, y le enseñé el bollo que había hecho,pero tenía un aspecto bastante repugnante y la parte cruda era un poco incomible, con toda la harina y la requemada tampoco se podía comer, aunque se salvó un trozo del centro.
En un momento su madre me ayudó a preparar un brownie para que hubiera suficiente postre para que todos pudierámos golosear a gusto. Al final Rubén me contó que sabemos mucho más acerca de la distribción de temperaturas en el interior de Mercurio que en un bizcocho metido en el horno. Y me pregunto ¿Por qué? ¿Es más viable establecer una colonia en Mercurio que saber hacer buenos bizcochos y pescados al horno?
Al final he llegado a la conclusión de que los físicos están un poco fuera del mundo real y los problemas verdaderamente importantes.
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miércoles, 17 de junio de 2009
La Matrícula de Honor y la termodinámica del Strudel de manzana
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